Ilustración de Marcelo Sinistri
XV
Con cuidado, el mercenario dio unos golpes con su bota en el abdomen de la criatura muerta para que cayeran más pequeños seres de su espalda, como se golpea el tronco de un árbol para hacer caer los frutos de sus ramas. Luego la apoyó en el piso, procurando que no rodara hacia el foso, y abrió la piel de su lomo con el filo de la espada, revelando algunos huevos aún sin eclosionar que seguían adheridos a la grasa bajo su piel. A medida que caían en el piso, los empujaba con el pie hacia las profundidades.
Mirando la boca del cadáver desangrado y la silueta de los vástagos sin futuro, Thäl pensó que ella nunca podría haber imaginado la traición del demonio. Pero los demonios no tiene favoritos y no perdonan a nadie:
-Creía que parecerse más a él que nosotros era una garantía de lealtad. Un error común. Tengo que asegurarme de nunca cometerlo.
Recién cuando se aseguró de que no quedaba nada más que el cuerpo de la hembra anfibia, se preparó para llevarlo ante la presencia del rey, como prueba del cumplimiento de su tarea. Ese había sido el trato con el espectro del pozo.
Tomó al niño pelirrojo de un brazo e intentó convencerlo de que no dijera nada, de que guardara en secreto la existencia de las catacumbas y el demonio. Pero no era necesario, porque la mente del niño estaba en otro lugar, muy lejos de esa realidad. No hablaba, apenas fijaba los ojos en algún punto del espacio y caminaba dócilmente siguiendo cualquier dirección hacia la que lo llevaran. De todos modos, una vez atada la criatura muerta con jirones de su propia ropa, lo guió por los túneles para devolverlo al rey y, suponía, a sus padres. Lo que fue un gran error, porque en el tiempo en que el niño estuvo suspendido, en el acantilado del foso y en el espacio entre dimensiones, un espíritu maligno había entrado en él y, después de décadas de aclimatación, un día saldría para esparcir la maldad y la esclavitud en el reino. Entonces Thäl sería enviado por la bruja Ía a solucionar el desastre, para así equilibrar el peso de sus aciertos y errores.
Pero esa es otra historia.
XVI
Cuando arrojó la criatura muerta a los pies del trono, muchos de los presentes ahogaron reacciones de asco, pero sólo alguno emitió algún sonido que revelara sorpresa. Eso hizo considerar a Thäl la posibilidad de que no le hubieran dado todos los datos necesarios a la hora de asignarle la tarea de rastrear a los niños secuestrados y acabar con la amenaza que los acechaba y los hacía desaparecer.
-Tengo preguntas para hacerle, su majestad. ¿Habían visto alguna vez un ser como éste en el reino?
-No. Sólo habíamos escuchado historias – respondió el rey Remus.
-¿Qué historias?
-Cuando nuestros padres llegaron a esta región, las tierras estaban casi deshabitadas a causa de una guerra entre los pobladores anteriores del lugar y alguna clase de monstruos venidos de las tierras húmedas.
-¿Y dónde están enterrados todos los muertos de esa guerra?
-No lo sabemos con certeza.
-¿Qué cuentan las historias?
-Cuentan que existe una enorme tumba subterránea a la que sólo se puede ingresar de noche.
-Es cierto. Estuve ahí. Era la guarida del monstruo y fue el lugar de su muerte.
-¿Dónde queda ubicado ese lugar?
-Ya no existe. Había magia involucrada y la muerte de la criatura cerró el acceso.
-Supongo que es lo mejor.
-Yo también, su majestad. Otra pregunta: ¿aparece algún demonio o espectro en las historias?
-Aparecen demonios y espectros en casi todas las historias.
-Es cierto. Bien. Quería darle sentido a algunas de las cosas que el monstruo dijo antes de morir.
Thäl apoyó su mano en la espalda del niño rescatado y lo empujó unos pasos hacia adelante.
-Esta fue la última víctima de la criatura. Aparentemente, el rapto le quitó el habla. Espero que algún día pueda recuperarse.
-Bien. Es uno de los huérfanos de las afueras. Por el color de su cabello, es probable que sea descendiente de los pobladores originales de estas tierras. Lo cuidaremos en palacio hasta que pueda valerse por sí mismo.
-Entonces sólo resta cobrar el pago acordado y seguir mi camino – sentenció Thäl.
Fue escoltado hacia los muros exteriores de Escatonia y se le entregó un palafrén cargado con bolsas de oro. Debía abandonar las tierras sin demora. Era lo acostumbrado para un mercenario: una vez realizada cualquier hazaña, debía partir rápidamente para que la persona que había pagado por sus servicios pudiera quedarse con el crédito. Los guerreros sin hogar lo eran por un motivo: muchas hazañas podían hacer de un hombre un héroe, y un héroe con sed de poder podía convertirse en poco tiempo en un caudillo, y ningún rey quería correr ese riesgo.
Thäl se alejó bajo el sol quemante, mirando las nuevas cicatrices en sus manos, y pensando que la mitad de su peso en oro bien valía la mitad de la verdad.
***

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